La periodista de Gaza que perdió todo menos una misión
En el corazón de Jordania, en una humilde habitación de Ammán, nos encontramos con Duha Elsaife, una periodista de 33 años, de Ciudad de Gaza, que ahora es también una madre en duelo y una voz incansable. Su mirada, pese al agotamiento, revela una fuerza inquebrantable, la de alguien que ha visto el abismo pero se niega a ser silenciada. Junto a ella, su hijo Saif, de tan solo once años, acompaña en un silencio elocuente, un testamento vivo del dolor que ha marcado sus jóvenes vidas.
Duha y Saif acaban de regresar de un viaje desgarrador, una visita familiar en Irbid para celebrar el entierro de una parte inmensa de su mundo. Sus padres, tres de sus hijos, su hermana y cuatro de sus sobrinos han sido víctimas de la brutalidad de los bombardeos en Gaza. Una tragedia que se ha ensañado con su familia en dos oleadas: sus hijos hace cinco meses y sus padres apenas unos días antes de este encuentro. Es un cúmulo de pérdidas que a cualquiera le robaría el aliento, y sin embargo, Duha se mantiene firme, vestida de riguroso luto, pero con una misión clara.
El día que el mundo de Duha se hizo pedazos
La historia de Duha es un relato que estremece hasta la médula. Nos transporta al 3 de abril, un día grabado a fuego en su memoria, el cuarto día de la fiesta del sacrificio. Aquel día, el deseo de ver a sus hijos felices, jugando con sus primos, la llevó a una escuela que creían refugio. “Era horrible, estábamos rodeados de bombas, de ataques por todos lados”, recuerda Duha con una voz que, a pesar de la dificultad al hablar debido a sus heridas, transmite una claridad desgarradora. En cuestión de minutos, una bomba impactó sobre el colegio, transformando un momento de alegría familiar en una escena de horror indescriptible.
Aquel ataque dejó un saldo devastador: al menos 27 personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas. Entre las víctimas fatales estaban **tres de los cuatro hijos de Duha**:
- Rital, de 13 años
- Nour, de 10 años
- Osama, de 4 años, cuyos ojos azules, capturados en una foto, aún interpelan el alma.
También perdieron la vida su hermana y sus cuatro sobrinos. De toda la familia, solo Duha y Saif sobrevivieron, ambos con graves heridas. “Recuerdo despertarme tras el ataque y pensar en Osama, que siendo tan pequeño tendría mucho miedo”, relata. Fue días después, al ser dada de alta del hospital, cuando la terrible verdad le fue revelada. “En ese momento di gracias a Dios porque ya no iban a sufrir más. No iban a pasar más hambre y más miedo.” Esta frase, pronunciada sin lágrimas, pero con una profundidad de dolor insondable, revela la magnitud de su sufrimiento y la complejidad de la resiliencia humana. Aún hoy, Duha no sabe nada de su marido, cuyo rastro desapareció meses atrás mientras buscaba un lugar seguro para su familia.
Las cicatrices de la guerra: un cuerpo marcado, un espíritu indomable
El bombardeo no solo le arrebató a sus seres queridos, sino que también dejó a Duha con graves heridas físicas. Su mandíbula y su brazo izquierdo quedaron destrozados. Las cicatrices en su boca y mano dan testimonio de la brutalidad del ataque; ha perdido todos los huesos de la mandíbula y casi todos sus dientes, además de padecer un dolor constante en el brazo. Los médicos dudaron de su supervivencia, tan debilitada estaba después de haber perdido 22 kilos durante el conflicto. Incluso se cuestionaron si volvería a hablar. Pero Duha, contra todo pronóstico, lo logró. A pesar de la dificultad para hablar, su voz es hoy su principal herramienta para contar su historia al mundo.
La voz de Gaza: periodismo como acto de resistencia
Más allá de su condición de madre y superviviente, Duha es una periodista apasionada. “Me hice periodista porque me encantaba ese trabajo. Desde joven quise serlo y siempre he querido alzar la voz de mi pueblo y lo que sufre a través de los medios”, afirma. Con 23 años, comenzó a trabajar como freelance para medios internacionales y palestinos, siempre con un único tema central: la ocupación. Su primer reportaje cubrió la guerra de 2014, un conflicto que duró un mes y medio y dejó 2.100 vidas segadas en Gaza.
Hoy, ser periodista en Gaza es una profesión de alto riesgo, prácticamente un objetivo. Más de 190 periodistas han sido asesinados en el conflicto, una estadística brutal que, según Duha, responde a un intento de silenciar la verdad. “Quieren que nadie cuente lo que está pasando en Gaza”, explica. Aunque los primeros meses del conflicto siguió trabajando, la necesidad de proteger a sus hijos la llevó a detenerse. Ahora, desde su exilio forzoso, Duha ha retomado su misión. “Como periodista mi objetivo es hacer llegar y contar al mundo entero toda la verdad de lo que está cometiendo Israel en Gaza. La masacre y la limpieza étnica en la Franja. Hacer llegar la verdadera imagen y la voz de los que sufren al mundo”.
La pérdida de colegas también es una herida abierta para Duha. Recuerda a Mariam Abu Daqqa, una fotoperiodista gazatí, su amiga, que murió en un ataque israelí el 27 de agosto. Ambas tenían 33 años y compartían mucho más que la edad: una valentía inquebrantable y el amor por su tierra. Desde la distancia, Duha continúa documentando la realidad de su patria a través de sus redes sociales, consciente de que debe seguir siendo la voz de quienes no pueden hablar.
Un futuro con esperanza, un regreso deseado
A pesar de todo el dolor, Duha mantiene la esperanza, especialmente por su hijo Saif. “Quiero que mi hijo salga adelante. Tenemos el derecho a vivir como todos los demás. En Gaza, no somos sólo números, somos sueños, ambiciones…”, reflexiona. Su mayor anhelo es regresar a su país, a su tierra, y vivir sin miedo, en seguridad. Es un deseo simple, pero en su contexto, se convierte en un sueño monumental, la luz al final de un camino oscuro. Duha Elsaife es un testimonio de la resiliencia del espíritu humano, una mujer que ha perdido casi todo, pero que aferrada a su misión y a la vida de su último hijo, sigue adelante, siendo la voz de una verdad que el mundo necesita escuchar.
Fuente original de la información: ABC – Carlota Pérez
Créditos de la imagen: IGNACIO GIL