10 Oct 2025

¿Y si no fue amor a primera vista con la oftalmología?

¿Y si no fue amor a primera vista con la oftalmología? ¿Y si no fue amor a primera vista con la oftalmología? En el vibrante…






¿Y si no fue amor a primera vista con la oftalmología?


¿Y si no fue amor a primera vista con la oftalmología?

En el vibrante mundo de la medicina, a veces las vocaciones no nacen con un relámpago, sino que se cultivan con el tiempo, la experiencia y, sobre todo, la guía adecuada. Este es el fascinante caso de Carlos Mateo, cuyo camino hacia la oftalmología, una especialidad donde hoy brilla con luz propia, fue todo menos predestinado.

Mateo, reconocido como uno de los oftalmólogos más influyentes de España, nos comparte su particular viaje, desvelando cómo un campo al que llegó “casi por casualidad” se convirtió en su pasión y misión de vida. Su historia es un recordatorio inspirador de que las mayores contribuciones a menudo provienen de recorridos inesperados, y que la guía de un mentor puede ser el catalizador para transformar una buena carrera en una extraordinaria.

Un inicio inesperado y un mentor clave

La idea de que la vocación de Mateo surgió de forma tardía es clave. Nos cuenta que, al terminar Medicina, la oftalmología no era su primera o única opción. No había antecedentes familiares ni una inclinación innata que lo empujara hacia los ojos. Sin embargo, su destino cambió drásticamente durante su residencia en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Fue allí donde el Dr. Borja Corcóstegui entró en escena.

Corcóstegui no solo fue un guía; fue un verdadero mentor. Mateo lo describe con gratitud, reconociendo que fue su influencia la que encendió la chispa. “Nací con él profesionalmente”, asegura, revelando la profunda conexión y el impacto duradero que este referente tuvo en su formación y en su decisión de especializarse en el complejo mundo de la retina. Desde entonces, sus caminos profesionales han sido, en gran medida, paralelos, marcados por la constante búsqueda de la excelencia y la innovación en el tratamiento de afecciones oculares.

La evolución de la oftalmología: de la “magia” a la precisión

Una de las reflexiones más interesantes de Mateo gira en torno a cómo ha cambiado la oftalmología en las últimas décadas. Para él, la disciplina que conoció como residente dista mucho de la actual. Antes, un paciente con cataratas terminaba con unas gafas de “fondo de botella”, mientras que hoy, las expectativas son altísimas: la gente busca una visión perfecta, casi como la de veinteañeros, tanto de cerca como de lejos.

En el campo específico de la retina, su subespecialidad, los avances son aún más asombrosos. Antes era “retina y magia a la vez”, una frase que evoca la complejidad y los misterios que rodeaban a este delicado segmento del ojo. Dos innovaciones han sido cruciales y han marcado un antes y un después:

  • La capacidad de intervenir quirúrgicamente dentro del ojo, manipulando las estructuras internas con una precisión impensable anteriormente.
  • La mejora exponencial en la visualización gracias a la tecnología 3D, que permite a los cirujanos una perspectiva y un control sin precedentes.

Estos desarrollos, sumados a un despliegue tecnológico imparable, han transformado la oftalmología española hasta convertirla en una disciplina de primer nivel, accesible para todos los pacientes. Este progreso no solo ha mejorado los resultados, sino que ha elevado la calidad de vida de innumerables personas.

España: Un referente en salud ocular global

Cuando se le pregunta sobre la posición de la oftalmología española a nivel internacional, Mateo no duda. Afirma con orgullo que el nivel es elevadísimo, equiparable al de los mejores centros hospitalarios de Estados Unidos. Esta excelencia no es solo atribuible a unos pocos “grandes nombres”, sino a una amplia base de profesionales altamente cualificados que mantienen un estándar de calidad constante y robusto en todo el país. La reputación de España en este campo es, sin duda, un motivo para sentirse orgullosos.

Desafíos persistentes y la importancia de la prevención

A pesar de los avances, las enfermedades oculares fundamentales siguen siendo las mismas. Sin embargo, la gran diferencia radica en las herramientas disponibles. Antes, el diagnóstico de condiciones como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) o la miopía magna podía sonar a sentencia, dado que las opciones de tratamiento eran casi nulas. Hoy, el panorama ha cambiado radicalmente. Disponemos de:

  1. Fármacos innovadores.
  2. Inyecciones intraoculares.
  3. Múltiples herramientas terapéuticas para manejar y controlar la progresión de la enfermedad.

Esto se traduce en que “muchos pacientes tienen ahora la posibilidad de conservar visión”, lo cual representa un avance monumental en la lucha contra la ceguera.

Sin embargo, Mateo subraya un problema importante: la falta de conciencia social sobre la salud ocular. El glaucoma es el ejemplo perfecto de una “patología silenciosa” que avanza sin síntomas hasta etapas avanzadas, momento en el que el daño ya es significativo. Es frustrante para los profesionales, ya que existen tratamientos eficaces y una cirugía segura para esta condición. Por ello, insiste en la necesidad de una revisión anual, especialmente para aquellos con antecedentes familiares o alta miopía. La detección temprana es, en muchos casos, la clave para preservar la visión.

El futuro de la oftalmología: innovación y esperanza

Mirando hacia el futuro, Carlos Mateo vislumbra tres áreas que serán revolucionarias para la oftalmología:

  • Lentes intraoculares cada vez más personalizadas: Que se adaptarán como un traje a medida a las necesidades de cada paciente, ofreciendo soluciones visuales aún más precisas.
  • Inteligencia Artificial (IA) en el diagnóstico: Capaz de analizar imágenes del fondo de ojo con una precisión asombrosa, detectando patrones que van más allá del ojo humano y permitiendo diagnósticos tempranos como nunca antes.
  • Cirugía asistida por sistemas robóticos: Que no solo mejorará la seguridad de los procedimientos, sino que también optimizará la selección de pacientes, asegurando que solo aquellos que realmente se beneficien pasen por el quirófano.

Si pudiera charlar con un oftalmólogo del futuro, dentro de 100 años, Mateo le preguntaría cómo habrán logrado ayudar a esos pacientes para los que hoy no existen soluciones. Pensaría en las enfermedades hereditarias y genéticas, como las retinosis pigmentarias, y cómo habrán logrado controlar la miopía elevada y sus devastadoras complicaciones.

El sueño de erradicar una enfermedad

Cuando se le pregunta qué enfermedad eliminaría para siempre, su respuesta es contundente: la miopía. A menudo subestimada por ser tan prevalente, la miopía magna es responsable de una inmensa cantidad de casos de ceguera, especialmente en regiones como Asia. Erradicarla representaría un avance gigantesco para la salud visual global.

Sobre la preocupación por el impacto de las pantallas en la visión de las nuevas generaciones, Mateo aclara un punto importante: si bien el uso intensivo de visión cercana puede favorecer una miopía leve, lo preocupante es la miopía axial, aquella donde el ojo se deforma. Esta última es la que realmente genera riesgo de ceguera y en la que se deben centrar los esfuerzos de prevención y tratamiento.

Para cerrar, nos confiesa que, a pesar de ser un brillante oftalmólogo, él mismo utiliza gafas para su hipermetropía. Lejos de ser una molestia, las ve como una protección, incluso durante actividades como el pádel. Su verdadera motivación, si tuviera todo el tiempo y el dinero del mundo, sería dedicarse a la enseñanza y a ayudar a los más jóvenes, a quienes ve como el futuro de su profesión. El ocio por el ocio no satisface a un espíritu inquieto como el suyo; los retos, los pacientes y la constante mejora son su verdadero motor.

Fuente original de la información: ABC – Rafael Ibarra

Créditos de la imagen:

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