Siria: esta es la minoría olvidada que sufre masacres
En el vibrante panorama cultural que exploramos en Vinyl Station Radio, no podemos ignorar las historias que resuenan con la cruda realidad de nuestro mundo. Hoy, queremos desviar nuestra atención hacia una comunidad que, aunque pequeña, alza su voz en medio de un conflicto que no da tregua en Siria. Se trata de los murshidíes, una minoría que se enfrenta a una serie de desafíos brutales y cuya historia merece ser contada y escuchada con atención.
Para entender mejor lo que están viviendo, nos acercamos a la experiencia de Hussein, un joven de esta comunidad. Con una timidez que esconde una gran fortaleza, Hussein nos comparte pinceladas de la compleja situación. Su viaje lo llevó a Beirut en busca de trabajo, pero también como un “explorador”, buscando la manera de hacer llegar la realidad de su gente al mundo. Sin embargo, es su tío, a quien llamaremos Alí, quien nos sumerge en la profundidad y el dolor que esta comunidad está experimentando.
La comunidad murshidí: una identidad incomprendida
Alí nos introduce a la esencia de los murshidíes. Nos explica que, a menudo, son erróneamente identificados como una secta alauí. Pero la verdad es que su historia y su espiritualidad tienen raíces propias, forjadas por su fundador, Salman al Murshid. Él, nacido en una tribu de la región de Latakia, desarrolló una perspectiva espiritual única que hoy guía a sus seguidores. La cifra de miembros de esta comunidad oscila entre los 280.000 y 420.000, según el especialista Fabrice Balanche, lo que los convierte en una minoría vulnerable dentro del complejo tapiz sirio.
Hay una enseñanza fundamental entre los murshidíes que Alí comparte, y que resuena profundamente en el contexto actual: “Debemos blandir el bastón de la bendición en lugar de la espada de la maldad. Seamos fuente de bien en lugar de mal, y permanezcamos abiertos y acogedores con todos aquellos que nos abren su corazón”. Este lema encapsula no solo su filosofía de vida, sino también la resiliencia y la humanidad con la que enfrentan la adversidad.
Olas de violencia y promesas rotas
La narrativa de Alí se vuelve más sombría al detallar los atroces ataques que los murshidíes han sufrido en los últimos tiempos. Nos cuenta sobre un incidente en Maryamin, cerca de Homs, el 23 de enero. Un convoy militar, bajo el pretexto de buscar armas y elementos del antiguo régimen, desató una ola de robos, saqueos, vandalismo, y agresiones tanto verbales como físicas. Símbolos sagrados fueron profanados y personas, desde jóvenes hasta ancianos, fueron flageladas. La respuesta de la comunidad, de acuerdo con Alí, fue ejemplar: se organizaron manifestaciones pacíficas y silenciosas en Siria, y en la diáspora, sus miembros protestaron frente a las embajadas sirias, clamando por justicia sin recurrir a la violencia.
Masacres que claman al cielo
Los relatos de Alí son desgarradores y evidencian la creciente brutalidad. Él describe cómo el 7 de marzo, en el barrio de Daatour en Latakia, ocho jóvenes murshidíes fueron asesinados brutalmente, y varios resultaron heridos. Ese mismo día, convoyes armados atacaron una aldea costera, cobrándose la vida de dos personas, una de ellas delante de su pequeña hija. Y como si la tragedia no fuera suficiente, dos cuerpos de miembros de la comunidad fueron encontrados abandonados en la carretera de Latakia.
Los días 8 y 9 de marzo trajeron más muerte y destrucción. Convoyes armados irrumpieron en dos aldeas costeras habitadas por murshidíes, asesinando a siete civiles desarmados y dejando un rastro de heridos. Símbolos sagrados fueron acribillados en varias localidades. Ese mismo 8 de marzo, un gran convoy militar asaltó dos aldeas montañosas, donde todos los habitantes son murshidíes. La masacre resultante dejó a nueve jóvenes civiles desarmados sin vida. Alí relata cómo saquearon casas, sembraron el terror en la región de Slanfah y asesinaron a un joven frente a su familia. El 10 de marzo, el horror llegó a la aldea de Talaro, en las montañas de Latakia, donde dos jóvenes fueron asesinados. La violencia no dejó de lado a Homs y sus alrededores, donde los asesinatos, secuestros e incendios provocados se convirtieron en una constante.
En total, Alí estima que 78 personas han sido asesinadas solo este año. Algunos informes sugieren que el grupo Ansar al Sunnah ha reclamado la autoría de varios de estos crímenes.
Un intento de diálogo y una esperanza frustrada
Ante la caída del régimen de Bashar al Assad y la ascensión de Ahmed al Sharaa (conocido también como Al Jolani), los murshidíes intentaron un camino de diálogo. Delegaciones de entre 10 y 12 hombres se formaron en provincias como Damasco, Homs, Hama y Latakia para establecer comunicación con la nueva Administración. Estas comitivas visitaron a los nuevos gobernantes para felicitarlos y extenderles un mensaje de paz y buena voluntad: “Luchamos por la paz, extendemos una mano de bien a todos y esperamos que la bondad y la paz prevalezcan para todos los hijos de Siria”. Su intención era clara: cooperar con la nueva autoridad en diversos ámbitos. Y Alí cuenta que fueron recibidos con palabras amables, reconociendo su honradez, moralidad y el respeto que inspiran.
Sin embargo, la realidad pronto chocó con las promesas. Aunque se había acordado que las búsquedas en las aldeas murshidíes se harían bajo supervisión y respeto, y que incluso algunos funcionarios prometieron no entrar en sus casas, las atrocidades descritas por Alí en enero demuestran que estos acuerdos fueron ignorados. Las fotos de cuerpos mutilados que Alí guarda en su teléfono son un testimonio mudo de estas promesas rotas.
La reanudación de los ataques
La inicial calma, seguida por disculpas oficiales del gobernador de Homs, Abdel Rahman al Aama, el comandante de la policía, el coronel Alaa Omran, y el director de Relaciones Públicas para Asuntos Religiosos y Confesiones, Hamza Qabalan, fue efímera. Los meses de marzo y abril vieron la reanudación de los ataques. El 18 de abril, en Karm al Louz, cerca de Homs, Hanaa Hassan, de 48 años, y sus hijas gemelas, Leen y Luna Haidar, de 19 años, fueron brutalmente asesinadas a tiros por dos hombres en motocicleta. La visión de la familia diezmada, mostrada por Alí en su teléfono, es un recordatorio escalofriante de la constante amenaza.
Alí, al final, ha tomado la decisión de romper el silencio y denunciar la persecución. Es un acto de valentía, un grito desesperado por la protección de su comunidad.
Incertidumbre y el éxodo
Fabrice Balanche, experto en Siria, arroja una luz crítica sobre la situación, afirmando que el régimen de Al Sharaa no es ni democrático ni inclusivo, a pesar de su retórica de tolerancia. Si bien otros especialistas prefieren darle una oportunidad al nuevo líder, señalando su dificultad para controlar a sus propias fuerzas, la realidad es que la incertidumbre reina. Muchos de los que hoy forman parte del ejército, ayer fueron parte de grupos yihadistas, lo que añade una capa de complejidad y peligro.
Ante este panorama desolador, cada vez más murshidíes buscan refugio y seguridad en el Líbano. La esperanza de regresar a un hogar seguro se disipa con cada ataque. La respuesta de una joven a Hussein, cuando le preguntó cuándo volvería a Siria, lo dice todo: “Cuando se vayan y mejore la situación”. Una frase que encierra la desesperación y la espera de un cambio que parece inalcanzable.
Desde Vinyl Station Radio, alzamos la voz para visibilizar esta situación. La historia de los murshidíes es un recordatorio de la importancia de la empatía y la necesidad de buscar la paz en cada rincón del mundo, incluso en los más olvidados.
Fuente original de la información: ABC – Nathalie Duplan
Créditos de la imagen: ABC