El testimonio de un jubilado en el Donbás que los rusos no esperaban
En medio del caos y la destrucción de la guerra, a veces son las historias más sencillas y personales las que golpean con más fuerza. Desde el corazón del Donbás, nos llega el testimonio desgarrador de Guenadi, un jubilado de 73 años, que nos abre una ventana a la cruda realidad que viven miles de personas en Ucrania. Su voz, llena de indignación y resiliencia, es un eco potente que resuena en los escombros de lo que una vez fueron sus hogares.
Imaginad la escena: Guenadi y su esposa, con las manos curtidas por el tiempo y el esfuerzo, apilando pacientemente las láminas metálicas que una vez protegieron el tejado de su vecino. A su alrededor, el aire aún huele a humo, y entre los restos humeantes se distinguen los fragmentos de un dron ruso. Este ataque arrasador no solo destruyó varias casas, sino que también tiñó de negro las paredes que milagrosamente permanecen en pie. Lo más trágico: al menos dos vidas se perdieron en este brutal incidente. “Mira, puedes comprobar que aquí no había militares. Cuéntalo”, exige Guenadi, su voz teñida de una justa ira, interrumpiendo su ardua tarea para señalar la verdad innegable. Con el dolor y la frustración grabados en cada palabra, concluye: “Así no se puede vivir”.
Kramatorsk: Un Invierno de Resistencia Extrema
La capital administrativa de Donetsk, Kramatorsk, se enfrenta a lo que previsiblemente será el invierno más desafiante desde el inicio del conflicto a gran escala. La violencia no da tregua. Recientemente, durante la madrugada, la ciudad fue atacada por un misil Iskander. La potencia destructiva de este proyectil fue tal que volcánó una furgoneta, que todavía permanece en el lugar como un triste monumento a la devastación. Decenas de ventanas volaron en pedazos, dejando solo el esqueleto de lo que eran pequeñas casas.
Como si un ataque no fuera suficiente, mientras los residentes intentaban asimilar la tragedia y empezar a reconstruir lo poco que les quedaba, tres drones rusos se lanzaron sobre la misma zona a plena luz del día. Serguei, un joven voluntario de 24 años de la organización “Los Ángeles Salvadores”, relata la angustia del momento: “Llegamos ayer, estábamos ayudando a la gente y entonces atacaron los drones”. Por segundo día consecutivo, Serguei y sus compañeros incansablemente reparten paneles de contrachapado, un pequeño consuelo para cubrir las heridas abiertas en los hogares de sus paisanos.
La situación, según Serguei, es cada vez más sombría. “La situación empeora cada mes. Los bombardeos son cada vez más frecuentes y hay drones sobrevolando la zona. Son muy malas noticias y el frente se acerca”, lamenta el joven, reflejando el sentir de una población que vive bajo una amenaza constante. La proximidad de la línea de combate solo añade más tensión a un ambiente ya de por sí cargado de incertidumbre.
La Estrategia del Frío y la Oscuridad: Una Campaña Macabra
Desde 2022, Rusia ha orquestado una implacable y fría estrategia: sumir a toda Ucrania en la oscuridad y el frío. Los bombardeos, que en este otoño se han vuelto a intensificar por tercer año consecutivo, se centran en destruir las infraestructuras energéticas del país, región por región. Esta táctica ha provocado cortes de energía de varias horas en casi todo el territorio, y el inicio de la temporada de calefacción se ha visto considerablemente retrasado, añadiendo una capa más de sufrimiento a la población civil.
Un claro ejemplo de esta estrategia es el ataque a la central térmica de Sloviansk, ciudad hermana de Kramatorsk, formando parte de la región de Donetsk. Esta central fue atacada, y como resultado, dos trabajadores perdieron la vida. El presidente de Ucrania, Volódimir Zelenski, no tardó en condenar el acto, afirmando que “La gente normal no libra guerras de esta manera, y el mundo debe responder como corresponde a este tipo de tácticas bélicas rusas”. Desde entonces, el suministro eléctrico en la zona es intermitente, y el ayuntamiento de Kramatorsk ha anunciado que los ascensores dejarán de funcionar, una consecuencia que dificulta aún más la vida diaria de los habitantes.
Con la falta de luz, la banda sonora de la ciudad ha cambiado: ahora, el traqueteo incesante de los generadores se ha apoderado de las calles, una melodía constante de resistencia y supervivencia. Estos bombardeos no solo afectan la energía, sino también las conexiones móviles, aislando aún más a las comunidades. El objetivo manifiesto de esta campaña es hacer inhabitable la región de Donetsk, expulsando a sus poblaciones, aquellas mismas poblaciones que fueron utilizadas como pretexto para la agresión inicial.
Las tropas rusas persisten en su afán de aniquilar cualquier atisbo de vida a su paso, con el objetivo final de dominar toda Ucrania. Los drones, en sus diversas formas, patrullan impunemente cada vez más cerca de las ciudades de primera línea. Sin embargo, en medio de este panorama desolador, la gente del Donbás sigue mostrando una increíble fortaleza. A pesar de los ataques, los frecuentes cortes de luz y el riesgo creciente, la chispa de la vida no se apaga del todo. Incluso los pequeños empresarios encuentran maneras de ofrecer un café caliente, un pequeño gesto de normalidad en un mundo completamente trastornado.
Pokrovsk al Límite: Resistencia y Desasosiego
Mientras tanto, la situación en Pokrovsk, una metrópolis del sur de Donetsk que antes de la guerra albergaba a 70.000 personas, es crítica. Cientos de soldados rusos, en pequeños grupos, han logrado infiltrarse en esta fortaleza que ha resistido un brutal asedio durante más de un año. Desde Kiev, reconocen que la situación es “difícil” en la zona. El presidente Zelenski ha destacado que “170.000 enemigos están concentrados en esta dirección. Es muchísimo”. Aunque afirma que, por ahora, “no hay cambios. Hay rusos en Pokrovsk, y los nuestros los están aniquilando poco a poco. Nuestras fuerzas controlan la situación”, la realidad sobre el terreno podría ser más compleja.
Días atrás, soldados ucranianos desplegados en la zona ya habían advertido a medios que “Pokrovsk se está desmoronando demasiado rápido; no lo esperábamos”. Esta percepción de desasosiego y la rapidez con la que se deteriora la situación en Pokrovsk, a pesar de los esfuerzos y la valentía de los defensores, subraya la brutalidad y la escala de la ofensiva. La narrativa desafiante de Guenadi y la incansable labor de voluntarios como Serguei son un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la esperanza y la resistencia siguen latiendo con fuerza en el corazón del Donbás. Sus historias son un grito que no podemos ignorar.
Fuente original de la información: ABC – Miriam González
Créditos de la imagen: M. González