La abuela de Sanguijuelas del Guadiana le preguntó algo inesperado a su nieto
¡Atención, melómanos y amantes de las historias que emocionan! En Vinyl Station Radio, siempre estamos pendientes de esas bandas que rompen moldes y conquistan corazones a velocidades de vértigo. Y hoy tenemos una que está dando de qué hablar, no solo por su música, sino por el peculiar efecto que está causando en sus seres queridos. Hablamos, por supuesto, de los imparables Sanguijuelas del Guadiana, el fenómeno musical que ha puesto patas arriba el panorama nacional en tan solo unos meses.
Imagina esta escena: Carlos Canelada, el carismático cantante, guitarrista y compositor de la banda, compartiendo un momento familiar con su abuela. De repente, la matriarca suelta una frase que resume a la perfección el torbellino en el que se ha convertido la vida de estos chicos: «Esto ya es demasiado, Carlos. Me está empezando a dar miedo». ¿Miedo? Sí, miedo al éxito desmedido, a la vorágine de conciertos y a la explosión de popularidad que persigue a sus nietos.
Su compañero, Juan Grande, con su inconfundible rasta y un pendiente que es toda una declaración de principios, añade otra perla: «El otro día nos cruzamos con ella y nos comentó preocupada: ‘¡Venga, chicos, dejad de dar conciertos y quedaos en el pueblo ya!’». No hay duda, la abuela Isabel se ha convertido en la fan más crítica y, a la vez, la más entrañable del grupo. Una preocupación genuina que solo una abuela puede sentir, viendo cómo sus chicos pasan de tocar en el pueblo a llenar plazas y vender entradas como churros.
¡La locura en Zafra!
Víctor Arroba, el bajista de la banda, nos regala otro testimonio de la magnitud de lo que están viviendo. Recordando su reciente concierto en Zafra, confiesa: «La verdad es que lo de ayer en Zafra fue la locura máxima. Sonó la intro, subimos al escenario y, aunque nos habían advertido, miré al frente y… ¡Uf! El mar de cabezas se perdía en el horizonte. ¡Hostias, te juro que me temblaron las piernas!». Y no es para menos. ¡Imagina la sensación de ver a miles de personas pendientes de cada nota, de cada palabra! Una experiencia que te deja sin aliento y te recuerda el poder de la música.
Estos relatos nos llegan desde un lugar tan evocador como la playa de Calicantos, en el corazón de la Siberia extremeña. Allí, con la calma que contrasta con la “tempestad” de su éxito, el trío extremeño comparte sus “batallitas” de la noche anterior. Un escenario tranquilo para una historia que está lejos de serlo. Y es que, en tan solo cuatro meses, Sanguijuelas del Guadiana se ha consolidado como el fenómeno musical de los últimos años en España.
Un éxito inesperado con raíces profundas
El secreto de su conexión con el público es simple, pero poderoso: sus letras. Gritos que reivindican la España rural, esa que a menudo se olvida, la España vaciada. Han tocado una fibra sensible, un nervio que resuena con la gente de una forma asombrosa e inesperada. Tanto es así que, en medio de la vorágine, a los miembros de la banda se les escapan frases que denotan su sorpresa y su dificultad para asimilar tanta magnitud: «todo esto es muy raro», «me está costando asimilarlo» y «¡qué fuerte!». Un testimonio de humildad que solo hace que los queramos más.
Nos encontramos, metafóricamente, sentados en las escaleras de la Ermita de San Isidro, en Casas de Don Pedro, un lugar que ha sido testigo de los inicios de esta aventura. Resulta casi impensable que fuera aquí, y no en la capital, donde decidieron presentar su primer disco, ‘Revolá’ (Infarto Producciones). Eligieron el 15 de mayo, coincidiendo con la romería de su pueblo. Una fiesta local que se convirtió en un auténtico festival, con desfile de carrozas, chiringuitos y autobuses llenos de gente de toda Extremadura que quería escuchar a sus Sanguijuelas.
Carlos Canelada, a sus 22 años, recuerda esa noche con emoción: «Fue emocionante, la verdad». Y añade la clave de aquella visita inesperada de su abuela: «Si mi abuela hubiera asistido, entiendo que se hubiera asustado». Y no es para menos. Antes de su concierto en Zafra, la camarera ya advertía: «Ha venido gente de toda Extremadura». Cientos de personas se agolpaban en el recinto para la prueba de sonido, buscando un autógrafo, una foto. El trío se movía entre la multitud con una naturalidad pasmosa, como si el éxito no fuera con ellos.
El desmadre de Zafra: de la prueba de sonido a la multitud
La escena del concierto en Zafra parecía sacada de una película. Tenientes de alcalde y concejales de Festejos, orgullosos de haberlos traído, intentando colarse en el escenario. Pero ahí estaba Pedro Atanasio, amigo y tour manager desde el principio, para poner orden: «Vale, vale, pero rápido, por favor, que están trabajando. ¡Y nada de fotos!». El respeto por su trabajo, ante todo. El vocalista de Diván du Don, sus teloneros, saludaba a Canelada con una frase que resonaba a admiración: «¡Niño, menudo pelotazo habéis pegado!». El verano pasado, la tortilla había sido a la inversa, eran los Sanguijuelas quienes teloneaban.
En el camerino, la sorpresa no cesaba. Víctor Arroba venía impactado: una chica tenía su foto como fondo de pantalla en el móvil. Mientras el grupo afinaba gargantas con “En un mercedes blanco” de Kiko Veneno, Pedro Atanasio, el tour manager, un exinvestigador de Acústica, gestionaba los últimos detalles. Dejó su trabajo en la universidad hace dos años para unirse a esta aventura. Explica, con un brillo en los ojos, el significado de todo esto: «Con ellos mucha gente se está dando cuenta de lo que hay en el mundo rural y de que pueden volver a sus pueblos a recuperar lo que había antes». Más allá de la música, los Sanguijuelas están removiendo un sentimiento de pertenencia y de posibilidad.
La noche en Zafra culminó con diez mil personas coreando himnos como «llevadme a mi Extremaduuuura», «suerte la tuya de poder vivir donde naces», o «¡te juro que volvereeeeé!». Un mar de voces que se convierte en un eco potente de un sentimiento compartido. La policía municipal, que los escoltó al escenario y se hicieron fotos con ellos al finalizar, informaba de la magnitud: un centenar de coches buscando aparcamiento y gente subiendo a los tejados de los camiones para no perderse el espectáculo.
De un tren digno a Madrid: la diáspora y el regreso
Todo el fenómeno se desató, o mejor dicho, se desmadró, el 8 de agosto, en el Festival Sonorama Ribera. Su actuación dejó al público sin palabras. La Plaza del Trigo se llenó de banderas extremeñas, e incluso una pancarta reivindicaba un tren digno para la región. Al día siguiente, las entradas para su concierto en La Riviera de Madrid se agotaron. Añadieron dos fechas más y también volaron. Porque Sanguijuelas del Guadiana, más que una banda, es un movimiento, una voz para la llamada España vaciada.
Las letras de su esperado disco ‘Revolá’ no solo son pegadizas, son un espejo de una realidad desoladora: 158 pueblos extremeños al borde de la desaparición y 123.000 viviendas vacías. La despoblación rural en su máxima expresión, una tragedia silente que estos chicos han convertido en himno. Antonio Machado ya lo vaticinó en ‘La tierra de Alvargonzález’, y Serrat con ‘Pueblo blanco’ cantó al olvido. Pero los Sanguijuelas traen una diferencia crucial: no llaman a la huida, sino a la reflexión.
Carlos Canelada lo explica sin rodeos: «Nosotros no decimos que la gente tenga que volver al pueblo, porque somos conscientes de las oportunidades. El disco tampoco idealiza la vida aquí, solo contamos lo que vivimos, porque vemos cómo esto se vacía de un día para otro en septiembre. En verano somos veinte y en invierno, cinco. La clave es no educar a los jóvenes en la idea de que tienen que irse sí o sí a los 18 años, como hicimos nosotros sin pensarlo. Era lo que había que hacer. Y que no te vean como un fracasado si te quedas o vuelves después de vivir en Madrid».
Esta es la esencia de Sanguijuelas del Guadiana. Un grito, una reivindicación, un reflejo de una realidad que muchos jóvenes han vivido. Pasaron cuatro años en Madrid, donde ser músico era, según ellos, «una putada». Juan Grande pagaba 200 euros por una habitación en Canillejas, «poco para como está hoy la cosa, aunque con ese dinero aquí alquilo una casa». Poco después, la misma habitación le costaba 500 euros. Carlos Canelada desembolsaba 600 euros por una “ratonera parecida”, sintiéndose «impotente y fue una pérdida de tiempo para la música».
En su pueblo, en la cochera o en la discoteca abandonada, podían ensayar sin límites. En Madrid, los vecinos o el alto coste de los locales de ensayo les ahogaban la creatividad. Ahora, con más de 25.000 kilómetros recorridos en su furgoneta y setenta municipios visitados en España y México (¡sí, México!), su realidad es otra. Más de cien conciertos antes de que termine esta gira, que aún guarda un “lugar muy especial” para su cierre.
El futuro de los Sanguijuelas: control y raíces
Y sí, la gran pregunta que muchos se hacen: ¿qué pasa con las multinacionales? Juan Grande responde con una sonrisa enigmática: «Bueno, ha habido cosas por ahí [risas], pero tenemos claro que queremos tener el máximo control sobre el grupo. No queremos que nos digan dónde y cuándo tenemos que tocar o hacer entrevistas. Quién sabe, a lo mejor le decimos a Sony, Universal o la que sea que monten una sucursal en Casas de Don Pedro».
Víctor Arroba, con la misma sensatez, añade: «No sabíamos ni cómo iba a ir el disco, cualquiera se imagina cómo estaremos en el futuro». Y Carlos Canelada concluye con humildad: «Bueno, con seguir igual que estamos ahora…». Pero Juan Grande, con su toque de humor, no se resiste a añadir: «¡Tú verás! ¡Cualquiera mantiene esto diez años! [risas]».
Desde Vinyl Station Radio, celebramos el éxito de Sanguijuelas del Guadiana. Son la prueba de que la autenticidad, la pasión y un mensaje sincero pueden construir puentes inesperados y conectar con un público ávido de verdad. Y sí, abuela Isabel, no te preocupes, tus nietos están haciendo historia. Aunque eso sí, ¡quizás deberían venir más a menudo a tomar el café en el pueblo!
Fuente original de la información: ABC – Israel Viana
Créditos de la imagen: foto: Pablo Ortega vídeo: PABLO ORTEGA y david del río